Hay un cielo para los que mueren de frío, lleno de flores rojas
con corazones de fuego; que es como el amor. También hay paisajes vacíos para
gaviotas que se perdieron por los rumbos de sus mentes y cayeron al mar. Todo eso puedo
imaginarlo, no importa que sea real o no. Pero hay otras cosas que se me
escapan.
Creo que existe una métrica
exacta en el pulso de un ruego desesperado, en una súplica sincera. Casi se
puede sentir el vaho musical del triste cuando sus dientes chocan, también
tristes, en su boca destrozada. Pero uno tiene que hacer el trabajo para no
volverse un triste, entonces manejo el cañón y disparo sobre sus ojos desviados
antes de que llegue a la distancia de contagio. El ser cae al suelo ya sin
dolor. Reviso mi uniforme comprobando que no queden fluidos pegados a la tela
impermeable. Me pregunto si esto va a cambiar algún día, o si tendré que
cambiar yo. A veces es difícil no sentirse un triste.
Hay un cielo para los
tristes, lleno de seres que caen al suelo sin dolor. No importa que sea real.
Reviso mi amor comprobando que no queden gaviotas destrozadas en el uniforme.
Casi se puede sentir el rumbo de sus mentes cayendo al vacío. Reviso mi ser
pegado a los dientes tristes. Existo como métrica en un ruego desesperado, sólo
por unos segundos, y me disparo en los ojos. A veces es difícil escaparse. A
veces es difícil imaginarlo.
Autor: Satélite.
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