miércoles, 29 de mayo de 2013

Uno y dos son tres

Hay un cielo para los que mueren de frío, lleno de flores rojas con corazones de fuego; que es como el amor. También hay paisajes vacíos para gaviotas que se perdieron por los rumbos de sus  mentes y cayeron al mar. Todo eso puedo imaginarlo, no importa que sea real o no. Pero hay otras cosas que se me escapan.
 Creo que existe una métrica exacta en el pulso de un ruego desesperado, en una súplica sincera. Casi se puede sentir el vaho musical del triste cuando sus dientes chocan, también tristes, en su boca destrozada. Pero uno tiene que hacer el trabajo para no volverse un triste, entonces manejo el cañón y disparo sobre sus ojos desviados antes de que llegue a la distancia de contagio. El ser cae al suelo ya sin dolor. Reviso mi uniforme comprobando que no queden fluidos pegados a la tela impermeable. Me pregunto si esto va a cambiar algún día, o si tendré que cambiar yo. A veces es difícil no sentirse un triste.
 Hay un cielo para los tristes, lleno de seres que caen al suelo sin dolor. No importa que sea real. Reviso mi amor comprobando que no queden gaviotas destrozadas en el uniforme. Casi se puede sentir el rumbo de sus mentes cayendo al vacío. Reviso mi ser pegado a los dientes tristes. Existo como métrica en un ruego desesperado, sólo por unos segundos, y me disparo en los ojos. A veces es difícil escaparse. A veces es difícil imaginarlo.

Autor: Satélite.

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