miércoles, 29 de mayo de 2013

Dicotomía jasónica

Y aquel día solemne, quise al vidrio más que a mi propia vida. Iluminada por un haz insensible de luz, parada mirando con ojos cegados por las lágrimas que causaste. Tu sombra ya no existe, todo está oscuro. Mi eco es mi única compañía. Mi voz me atormenta junto a tu recuerdo. Grito. Y tu desaparición es el leit-motiv de mi cabeza. Ya no estás, y no volverás. ¿Volverás? No, nunca. Lo sé, lo presiento. Fue lo más sangriento que pudiste haber hecho, el irte de mi lado. Dejarme sola, abandonada, fría, seca.

 El único trazo de vida era el de la rayuela a la que jugaban los niños (en sus ojos brillaba la alegría, eran ojos hermosos, eran niños hermosos) en la calle. ¿Alguna vez habrán visto mi llanto? ¿Alguna vez habrán escuchado mi alarido de dolor?

Grito y me destruyo. Hoy ya no soy yo. El trazo de vida se borra. Llueve. El vidrio se vuelve frío, y el suspiro condensa tu reflejo. Afuera hace calor y aquí hiela. Aún no entiendo por qué lo hiciste. ¿Fui yo? Nunca fui lo suficiente buena para las relaciones. Ahora te sufro, sufro las consecuencias y sufro el dolor. Dolor. Y cuanto más te sufro, más te amo. Te amo, mas vos no. Te amo más, vos no. Amo que vos no me amés. Amo que te hayas ido. Amo las mentiras y miento el amor. Miento con el dolor y miento mis mentiras. Ya estoy perdida. El vestido blanco persiste. El vestido blanco que alguna vez, pensé, abrigaría mi felicidad, ahora no es más que un infierno encantador. Las gotas caen lentamente. Mi mano las siente. Siente su movimiento, su fluir sinuoso. Mis mejillas también lo sienten. Yo lo siento. ¿Vos lo sentís? ¿Sentís? Alma descarada y destructora, asesino. Cobarde inútil, falacero. ¿Para qué me llenaste la cabeza con promesas en vano? Palabras olorosas perfumadas con el más delicado y casero aroma a futuro. Me hablaste de familia, me hablaste de viajes. Conocí la felicidad y ahora comprendo la desgracia. El destino te encarceló en las memorias de una mujer despechada y, yo, prisionera del placer que me diste, me ahogo en las lágrimas oscuras de la noche.

 Los niños se refugian del goteo constante en su casa. Miran televisión, tranquilos. Se ríen. Sus padres los abrazan.

 Bestia inmunda. ¿Gozás de esto? Ya dejo de ver, ya deja de haber champagne. Las botellas vacías se rompen en el piso. Me voy desnudando, como aquél día en el que te declaraste. "Te amo". ¿Te acordás?  "Quiero que seas la mujer de mi vida". ¿La única? Infeliz. Tus palabras no eran más que basura y yo, inocente, me las creí. Lloraba de alegría. Lloraba de emoción. Lloraba por nosotros y ahora lloro por vos.
Me desnudo, me quito los tacos. Me corto. La sangre comienza a verterse. Bailo. Recorro la sala ligera, provocativa. Ahora el brassier yace en el piso. El vestido traslúcido te deja ver mi corazón. Tan completo que era. Pedacitos desparramados por todo mi pecho. Le disparaste con una bala hueca. Y la hueca soy yo, ¿cómo no me di cuenta? Tarada. Claramente te miraba con gula, te tocaba, te hacía gemir. Fuiste un pecado. Fuiste el mejor pecado. El vestido ya no existe. Y sobre los vidrios me revuelco. Me río mientras lloro. Me acuerdo. Tan feliz me hiciste.

 La cena está servida. Comen gustosos. La madre les toca los cabellos. Y luego besa al marido.

 La tormenta se calma. Llovizna y salgo al balcón. El viento roza mis pechos cariñosamente. Me hace cosquillas. Alzo los brazos y los enredo en el amigable aire. Cierro los ojos y vuelvo a danzar. Las lágrimas se disfrazan. Los pies no me duelen. El calor del ambiente me atrapa.

 La pareja se recuesta en la cama. La mujer se le insinúa y hacen el amor. Perra

 "Ana, ella es María, una compañera del trabajo". Y tus ausencias se agravaron. ¿cómo no me di cuenta? Tarada. Yo sólo fui un affair, un amor de verano, un engaño, un objeto. ¿Y el anillo? ¿No es más que bijouterie? Para qué usarlo, entonces. A mí me gusta. A mí me une. Cuando lo colocaste, vigorosamente, me volví tuya. Te enganché una vez hablando con él por teléfono a tardes horas de la madrugada y ahora te atrapo con él nuevamente.
amidos de pasión fueron interrumpidos por un sólo golpe, frío y seco, de una mujer, al parecer, soltera.

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