miércoles, 29 de mayo de 2013

Desesperación

Cuando desperté me estaba mirando un chico extraño. Parece que estaba en una especie de hospital, pero con colores más bien vivos, verde y naranja, amarillo y violeta. Me tomó de la mano y me dijo que iba a mostrarme lo más lindo del mundo, antes de que me fuera. Yo, sin entender, lo seguí.

El cielo refulgía con el brillo de millones y millones de colores. Mientras el chico de rulos sacaba un anotador pequeño yo me senté a escuchar el susurro del viento en mi cabello, a escuchar su gemido, su caricia, su dulcísimo lamento. Un lamento que moría, un viento que moría. El joven cerró su anotador y entonces, tras un estruendo leve, apareció en el cielo una pequeña pelotita azul, bien bien a lo lejos. Él la señaló con el dedo y empezó una suerte de recitativo, como quien lee un poema, que me hizo levitar. Literalmente. Levité mientras él dijo:

-Volá, nene, volá. Quiero que mires todo esto. Todo el esplendor, la alegría, la imaginación en su flor. ¿Ves esa manchita lejana? Es tu hogar, donde vas a volver en algún momento, por desgracia. Sólo me quedás vos, para revivirme, para darme lo que necesitamos. Te lo voy a explicar. Este mundo no es como el tuyo. Es un mundo donde el arte precede a todo y nada existe sin el arte. Yo no puedo existir si nunca nadie hizo arte con mi existencia antes. Yo nací porque mi madre hizo un cuadro de un niño que nacía. Ese soy yo. Yo puedo escribir una canción sobre un conejo que cae preso y en algún lugar un conejo va a caer preso. Pero en cualquier caso, todo necesita de arte. Yo no puedo pretender ser feliz si no hago una escultura de mi felicidad. Y no puedo esperar que me quieras si no te canto y te pido que me quieras. Por favor, quereme. Queré a este mundo en el que vivo y del que quiero que formes parte. Queré a todo lo que nos rodea, queré a nuestra capacidad de hacer lo que se nos antoje siempre que contemos con un poquito de voluntad. Por favor, no me dejes aquí abandonado. Siempre podemos tenernos el uno al otro. Siempre, no importa qué tan lejos estemos o qué escollos interrumpan nuestra comunicación. Todo lo que te pido es voluntad, es todo lo que necesitamos, el resto ya está hecho. Por favor, Fermín, hacé lo que hace falta. Quereme.

Bajé y él me besó. Así seguimos un largo rato. Para cuando su imagen y sus labios se disiparon, yo ya estaba en el colectivo volviendo a casa. Incluso aunque quisiera creer que la marihuana puede generar alucinaciones tan reales no podría. Simplemente no puede haber estado todo en mi imaginación. Pasé días y noches tirado en la cama intentando sobrellevar este sentimiento desgarrador. Hasta que recordé lo que me había dicho: “Todo lo que te pido es voluntad, es todo lo que necesitamos”.

Fue entonces cuando abrí Word y empecé a escribir esta historia. Una historia acerca de un mundo en donde el arte precede a la realidad y la genera. Una historia donde Leonardo me quiere. Una historia que es arte.

Autor: Ray Jackendoff

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