Cuando desperté me estaba mirando un chico extraño. Parece que
estaba en una especie de hospital, pero con colores más bien vivos, verde y
naranja, amarillo y violeta. Me tomó de la mano y me dijo que iba a mostrarme
lo más lindo del mundo, antes de que me fuera. Yo, sin entender, lo seguí.
El cielo refulgía con el brillo de millones y millones de colores.
Mientras el chico de rulos sacaba un anotador pequeño yo me senté a escuchar el
susurro del viento en mi cabello, a escuchar su gemido, su caricia, su
dulcísimo lamento. Un lamento que moría, un viento que moría. El joven cerró su
anotador y entonces, tras un estruendo leve, apareció en el cielo una pequeña
pelotita azul, bien bien a lo lejos. Él la señaló con el dedo y empezó una suerte
de recitativo, como quien lee un poema, que me hizo levitar. Literalmente.
Levité mientras él dijo:
-Volá, nene, volá. Quiero que mires todo esto. Todo el esplendor,
la alegría, la imaginación en su flor. ¿Ves esa manchita lejana? Es tu hogar,
donde vas a volver en algún momento, por desgracia. Sólo me quedás vos, para
revivirme, para darme lo que necesitamos. Te lo voy a explicar. Este mundo no
es como el tuyo. Es un mundo donde el arte precede a todo y nada existe sin el
arte. Yo no puedo existir si nunca nadie hizo arte con mi existencia antes. Yo
nací porque mi madre hizo un cuadro de un niño que nacía. Ese soy yo. Yo puedo
escribir una canción sobre un conejo que cae preso y en algún lugar un conejo
va a caer preso. Pero en cualquier caso, todo necesita de arte. Yo no puedo
pretender ser feliz si no hago una escultura de mi felicidad. Y no puedo
esperar que me quieras si no te canto y te pido que me quieras. Por favor,
quereme. Queré a este mundo en el que vivo y del que quiero que formes parte. Queré
a todo lo que nos rodea, queré a nuestra capacidad de hacer lo que se nos
antoje siempre que contemos con un poquito de voluntad. Por favor, no me dejes
aquí abandonado. Siempre podemos tenernos el uno al otro. Siempre, no importa
qué tan lejos estemos o qué escollos interrumpan nuestra comunicación. Todo lo
que te pido es voluntad, es todo lo que necesitamos, el resto ya está hecho.
Por favor, Fermín, hacé lo que hace falta. Quereme.
Bajé y él me besó. Así seguimos un largo rato. Para cuando su
imagen y sus labios se disiparon, yo ya estaba en el colectivo volviendo a
casa. Incluso aunque quisiera creer que la marihuana puede generar
alucinaciones tan reales no podría. Simplemente no puede haber estado todo en
mi imaginación. Pasé días y noches tirado en la cama intentando sobrellevar
este sentimiento desgarrador. Hasta que recordé lo que me había dicho: “Todo lo
que te pido es voluntad, es todo lo que necesitamos”.
Fue entonces cuando abrí Word y empecé a escribir esta historia.
Una historia acerca de un mundo en donde el arte precede a la realidad y la
genera. Una historia donde Leonardo me quiere. Una historia que es arte.
Autor: Ray Jackendoff
No hay comentarios:
Publicar un comentario