El día se acercaba a su
final, el sol se ocultaba, las olas rompían contra la arena y dejaban su tenue
silbido. La solitaria chica lloraba, sus lágrimas se la llevaba el viento. Los
recuerdos olvidados volvían a ella. Escuchó los gritos una vez más, la
desesperación, la agonía. Sabía que debía hacer algo. Se levantó decidida,
elevó su mirada al cielo, y vio una nublada noche, sin rastros de la luna.
I
Recuerdo cuando tenía seis años. Recuerdo la primera vez que la
vi. Estábamos en el patio del colegio, ella sola en una esquina, con la mirada
perdida. Su sonrisa era vacía, sin sentido, y sus ojos misteriosos. Era una
chica fuera de lo común, simplemente no podía dejar de observarla. De pronto
ella también me miro, nuestros ojos se encontraron y ahí me di cuenta de que
era una chica con un secreto. Pero de alguna forma, yo necesitaba verla feliz,
e inconscientemente prometí lograrlo, la ayudaría a encontrar su sonrisa.
Un día le conté a mi mamá sobre la chica especial, “¿Puedo jugar
con ella?” le pregunte. “Claro que puedes, Damián. Yo la conozco, es una buena
niña, y hay muchos que no la quieren aquí, yo no sé por que, es tan
encantadora. Es por esos rumores.” “¿Qué rumores?” pregunté intrigado, yo solo
sabía que era adoptada, pero no me pareció muy raro. “Dicen que apareció sola
una oscura noche, en el medio del pueblo. Ella no recordaba nada sobre su
pasado, sobre su vida, solo recordaba su nombre.”
Ángela es ahora mi mejor amiga. Nosotros ya tenemos dieciocho
años, seguimos viviendo en este pequeño pueblo, muy lejano de cualquier gran
ciudad, igual de aburrido y con un clima detestable que no nos deja ver ni el
sol ni la luna. Angela creció como una joven llena de paz, pero aún así fuerte,
llena de alegría. Es una paradoja, es fragilidad y fortaleza, luz pero
oscuridad, oscuridad por ese pasado olvidado, por esa identidad perdida. Su
sonrisa, debo decir orgulloso, que ya es verdadera pero sus ojos siguen siendo
un misterio. Es una chica fuera de lo común, pero creo que por fin ella es
feliz.
Un día, cuando todo comenzó y que nunca podré olvidar, ella vino a
mi casa especialmente. Con solo verla me di cuenta de que algo andaba mal, ella
estaba preocupada; “Tengo un mal presentimiento, creo que algo malo va a
suceder” ella me susurró angustiada. “No te preocupes, todo va a estar bien.
Estaré siempre con vos, te lo prometo y juntos… ¿Cómo puede salir algo mal?”
Ella sonrió, pero yo ya la conocía a la perfección, lo vi en sus ojos, ella no
me había creído.
II
No le creí a Damián, pero hice como si ya todo estuviera bien, la
tarde pasó como tantas otras, riendo y charlando, olvidándonos de que el mundo
seguía girando. Por un momento yo también olvide mis preocupaciones, pero a la
larga, yo sabía que algo iba mal, solo que intente que él no se diera cuenta.
Por ahora no había de que alarmarse…por ahora.
Esa misma noche tuve una pesadilla, bueno no fue una pesadilla,
fue una predicción.
Estaba sola en el frío de la noche, en las afueras del pueblo. Era
más alta que antes y mi espalda me empezó a doler terriblemente. Intente ver si
estaba lastimada, y entonces dos imponentes e increíbles alas crecieron de mi
espalda. Casi sin creerlo pude ver que ahora tenía unas luminosas alas blancas.
Sin pensarlo empecé a volar y vi que todo estaba destruido, el caos y la muerte
reinaban sobre todo. La gente corría, gritaba y luchaba unos con otros. Entre
todas estas imágenes que veía con horror, encontré a Damián y no sé como pero
presentí que corría peligro. Me abalancé sobre él, lo sujete con fuerza y
volando lo lleve bien lejos de ahí, lo lleve lejos de aquella batalla. Luego de
un tiempo volvimos, ya nadie quedaba, solo destrucción. Lo deje en la tierra y
me atreví a preguntar, “¿Qué pasó? Y él, ya sin ganas, como en un suspiro me
respondió “Tuvimos una guerra”, sorprendida y aterrada grite “¿¡Cómo?!” y él
con la misma voz lastimada me dijo “Pero ya terminó, ya todo termino. Perdimos”
“¿Quiénes…?” “Ellos ganaron, la gente de la luna ganó, ellos se apoderaron de
la Tierra”. Vi como sus ojos y su alma quedaron vacíos sin rastros de luz o
esperanza. De pronto sentí que alguien me tiraba hacia arriba, hacia el cielo,
“¡Damián! ¡Ayúdame!” grité desesperada. Él me respondió con una voz ya cansada,
ya sin emoción, “No puedo, vos sos uno
de ellos”. Lo último que ví fue una atemorizante luna roja.
III
Las nubes ocultaban la luna, era otra oscura noche. Me costó
dormir, todavía pensaba en esa tarde y en lo preocupada que mi amiga se veía.
Estaba dormido cuando me desperté porque alguien golpeó mi ventana. Vi mi
reloj, eran las tres de la madrugada. Me levanté sin pensarlo y abrí la venta.
Ángela estaba enfrente de mí, ella estaba desconsolada. “¿Qué pasa?” le
pregunté asustado, y ella empezó a llorar. Salí y la abracé, tratando de
consolarla. Me contó sobre una pesadilla que acababa de tener, pero ella creía
que era una predicción, que en verdad iba a suceder. “Fue solo un mal sueño”
traté de tranquilizarla. “No creo eso, quiero ver la luna” Ángela me dijo con
decisión. “¿¡Ahora?!” exclamé. “No, mañana, por favor acompáñame.” me pidió.
Estaba totalmente loca y los dos lo sabíamos, pero ella era mi amiga, así que
tuve que decirle que sí, “Tenemos que ir a la costa, en el pueblo no podemos
ver la luna” “¡Gracias!” exclamó luego de abrazarme agradecida.
Al otro día, ya anocheciendo, fuimos a la playa. Faltaba poco para
que el Sol se ocultara. Nos sentamos en la cálida arena y vimos el anochecer. Y
apenas ella vió la blanca luna salir, se desmayó.
IV
Me desmayé. Gracias a ello recordé todo mi
pasado. Recordé mi casa, mi familia, mi lugar, quien era yo en verdad, mi
verdadera identidad, recordé mis alas. Yo había vivido en la Luna. Recordé
también, con pesar, la terrible guerra. Los gritos, las explosiones, los
lamentos, la gente gritando, llorando, muriendo, las peleas, los alaridos y los
llantos. En medio de la desesperanza y de la devastación, recordé las palabras
de mi padre, “Hay gente malvada en la Luna, y ellos quieren apoderarse de todo,
por eso estábamos en guerra, pero ellos ya nos ganaron, la Luna es suya y nada
podemos hacer para evitarlo. Pero también hay gente buena, como nosotros, y,
como todos los habitantes de la luna, podemos ver el futuro. Así podemos saber
que dentro de un tiempo acabaran con todo aquí y buscarán un nuevo lugar que
ganar, ellos querrán apoderarse de la Tierra. Tenemos que detenerlos.” Y luego
mi madre dijo, “Vive en paz con los humanos, en su planeta, es nuestra única
esperanza. Tienes que salvar la Tierra, vive con ellos, aprende de ellos,
entiéndelos, sé uno de ellos y cuando el momento llegue, vos podrás ayudarlos a
comprender y a luchar, y así serás como un mensajero entre estos dos mundos.”
Recordé todo.
Recuperé el conocimiento y vi a Damián viéndome
preocupado. Le conté todo. Pero mi corazón se rompió y una lagrima solitaria
corrió por mi mejilla cuando él dijo, “Por favor decime que no te crees eso,
decime que es un chiste….Oh, por Dios, ¡Estás loca!” Damián se dio cuenta de
que yo creía absolutamente todo, me miró indignado y se paró de golpe, “No
podes ser…¡Un alien! No tenés alas, y no hay nadie en la Luna, entra en
razón….¡Estás totalmente loca!” yo le respondí, lastimada, “Damián, si no me
crees es porque pensás como un humano cualquiera.” Él explotó y me gritó
“¡¿Cómo querés que piense?! Soy humano, y pienso como uno, y vos sos humana
también” “No, yo no lo soy.” Le dije tranquila. Y entonces él me miro con pánico
y sin poder creerlo. No dijo nada más y se alejó corriendo.
El día siguiente no vi a Damián. Yo estaba
verdaderamente desolada y aterrada. Pero no entre en pánico. Por primera vez en
mi vida, todo tenía sentido, mi vida tomaba sentido. Era una habitante de la
Luna, con una importante misión, el problema era que no sabía muy bien que
debía hacer. Necesitaba ver la Luna, necesitaba ayuda para entender mi misión.
Debía salvar a la Tierra y traer a las buenas personas de allá hacia acá. Pero no sabía cómo hacer eso, no
tenía ni la más remota idea, era una simple habitante de la Luna, con las alas
perdidas.
Ese día volví a la playa y esperé a la noche. El día se acercaba a su final, el sol se ocultaba, las olas
rompían contra la arena y dejaban su tenue silbido. Yo, solitaria, lloraba, mis
lágrimas se la llevaba el viento. Los recuerdos olvidados volvían a mí. Escuché
los gritos una vez más, la desesperación, la agonía. Sabía que debía hacer
algo. Me levanté decidida, elevé su mirada al cielo, y vi una nublada noche,
sin rastros de la luna.
Pero la Luna apareció y escuche la voz de mi papá, en la lejanía,
como un susurro llevado por el viento, “Tu misión es explicar a los humanos que
pronto serán atacados. Debes ofrecerles nuestra ayuda, y luego tienes que llamarnos, y cuando ellos
estén listos iremos a la Tierra y lucharemos juntos contra el enemigo en común.
La Luna esta ahora destruida, nosotros, los pocos que quedamos, queremos vivir
en la Tierra, con los humanos, en paz. Vos tendrás que ser nuestro mensajero,
vos los entendés. Por favor, traé esperanza a la Luna y paz a la Tierra, sé….un
ángel.”
V
Ángela estaba totalmente loca, pero era mi amiga, mi mejor amiga.
¿Podría creerle? Sabía que creía que ella era un alíen, y eso era totalmente
imposible, que había gente en la Luna, con alas…Dale, eso ni tiene sentido. No
sabía que era lo que ella iba a hacer y menos aún sabía que era lo que yo iba a
hacer. Le prometí que estaría con ella siempre. Era un amigo horrible, le tenía
que creer, sin importar que, tenía que ayudarla. Al fin al acabo no me
importaba si ella era un alíen, un humano, o lo que sea. Ella era mi amiga,
ella era….simplemente Ángela, y necesitaba mi ayuda. Tenía que salvar al mundo
con ella o…demostrarle que no era un alíen. No me importaba la razón, pero ella
me necesitaba. Y yo….la amaba. Debía encontrarla. Fui a la playa.
La vi a lo lejos, sentada en la arena, mirando la Luna. Me acerqué
y le dije seguro, “Angie, te creo. Bueno, en verdad no estoy muy seguro sobre
todo eso de la Luna, las alas y la guerra….pero yo siempre estaré ahí para vos.
Entonces... ¿En qué puedo ayudarte?” Ella sonrió como nunca antes la vi hacerlo
y me abrazo emocionada. Luego me contó sobre su alocada misión. De pronto vimos
asustados un montón de puntos rojos en el estrellado cielo. “Son la gente del
lado oscuro de la Luna, vendrán pronto por la Tierra.” Su voz era solemne y
seria, sentí escalofríos, y le creí. “Vamos, tenemos que informarle a todos”
“Si, tenemos que prepararnos para….” Dijo sin atreverse a terminar, “Para la
guerra” dije derrotado.
VI
Le contamos a todos. Al principio nadie nos creyó, pero cuando
empezaron a investigar esos puntos rojos, se dieron cuenta de que decíamos la
verdad. Una parte de la misión estaba completada. Volví a la costa, vi la Luna
y grité “Están listos, por favor, es tiempo, vengan a ayudarlos.”
Unas noches después, mientras todos se preparaban para la gran
guerra, y la gente de todos lados se reunía en el pueblo, en donde se llevaría
a cabo la batalla, hubo una gran explosión. En la entrada del pueblo había un
montón de gente. Eran flacos, altos y pálidos, con colosales alas. Una pareja
se acercó a mí y la mujer dijo “Ángela, vinimos para ayudarlos. Queremos vivir
en paz con los humanos y ayudar a nuestro planeta a recuperarse, y refugiarnos
aquí mientras tanto. Pero primero tenemos que destruir a quienes provocaron
todo esto.” Ella era mi mamá, me di cuenta apenas la ví, empecé a llorar y
corrí a abrazarla, a ella y a mí padre. De pronto unas enormes alas crecieron
en mi espalda. Recuperé mis alas. Ahora era una completa persona de la Luna.
VII
Estábamos esperando y preparados para la guerra, hasta que una
noche pudimos ver la Luna desde el pueblo. Entonces los puntos rojos empezaron
a moverse. Abruptamente, sin entender muy bien que pasó, la batalla comenzó.
Imposible describirla, no quiero describirla, ni siquiera recordarla.
Explosiones, gritos, disparos, bombas, sangre, muertes, lágrimas, miedo, ira,
oscuridad, todo era decadencia, caos, terror y muerte. De pronto un hombre de
la Luna estaba enfrente de mí. Yo había perdido mi arma. Ya era muy tarde. Él
me mataría.
VIII
Autor: Annalice Mallory
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