Todo empezó aquél día. Era un nuevo año. Entre en el campo de
batalla, miré a mi alrededor, no había ningún enemigo. Me distraje hasta que
uno de mis generales me avisó que alguien nuevo estaba allí. Mire y lo vi, era
un enemigo. Debía averiguar más sobre su persona. Con mi ejército nos acercamos
a él. Se lo notó nervioso pero no se fue. Le sacamos bastante información.
Debíamos tener cuidado. Era bueno y tenía un muy buen armamento. Los días
pasaban y yo no le sacaba la vista a mi enemigo. Varias veces nos acercamos con
mi ejército, otras se acercaba él. Ninguno de los dos actuábamos. Los meses
pasaban y nos enteramos de varias cosas de ese enemigo. Empecé a ir sola a su
encuentro, él hacía lo mismo. Era peligroso, pero debía arriesgarme. Me sentía
extraña, mis ojos no se apartaban de los suyos,
tratando de llegar hasta su mente, sentía que no podía tragar, que mi estómago
saltaba nervioso como en una emboscada,
que mi corazón se aceleraba, que por mis venas corría la adrenalina, que
mi cuerpo temblaba y que mis manos sudaban. Debía ser una toxina venenosa que
largaba, yo no contaba con ese tipo de arma. Aún así nuestros encuentros
seguían y ninguno se animaba a actuar.
Un día apareció en el medio del campo, indefenso,
con las manos sobre su cabeza, lo dejamos acercarse y me ofreció una tregua, la
acepté y empezamos a encontrarnos fuera del campo de batalla. Mi ejército no
entendía que estaba haciendo y temía por mí, pero yo no podía evitarlo.
-¿Está segura? Es peligroso, apenas lo conocemos.
Puede ser una trampa.
- No me importa, debo arriesgarme.
- Pero, déjenos acompañarla.
- No, debo hacerlo sola. No teman, estaré bien,
yo nunca los dejaría.
No me
podía alejar de él. Sus armas eran poderosas y yo estaba prácticamente
indefensa, si estoy seguía así, sería mi perdición.
Después de unos meses, me llamó, justo en la
mitad del campo de batalla y pasó lo impensable, me pidió que fuéramos aliados.
Yo no sabía que hacer, era cambiar, cambiar mi estado, arrojarme a lo
desconocido y esperar que él me atrapara para no caer. Pero soy una guerrera y
no podía temer. Sonreí y alce la bandera blanca, blanca de la paz. Estaba
hecho, a partir de ese momento éramos aliados.
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El timbre del principio del recreo sonó, agarré
mi libro de la Iliada y lo guarde en mi
mochila, él me esperaba en la puerta. Le sonreí una vez más, en ese momento era
la chica más feliz del mundo. Por
primera vez me había rendido, por
primera vez me había enamorado.
CERO
Realidad y ficción. Ambas
inexistentes y verdaderas. Todos somos ficción y realidad. No veo una línea
divisoria y eso me angustia. ¿Cómo sé que lo que soy ahora en un principio no
fue la ficción de otro y yo lo asimilé como mi realidad? ¿Quién me asegura que
realmente existo y no soy un elemento ficticio creado por la sociedad que me
rodea? Mi relato es tan real como la existencia del hombre.
Si uno lo cree, existe; si uno
desea, lo cambia a su gusto; para cada quién es diferente. De allí proviene la subjetividad, cada uno
posee su realidad que para otros es inexistente, porque ellos tienen también
su propia verdad.
¿Cómo sé que mi ficción de hoy no
será mi realidad de mañana? Tengo miedo.
UNO
No puedo más. Sí quiero y de verdad
no puedo. Ahora lo entiendo, ahora sé por qué él no podía. Es como miedo, pero
es más allá del miedo. Es un vacio lleno de demasiadas emociones que sigue
siendo nada.
No quiero estar acá, ni entiendo
cómo llegué a este lugar. Todo empezó como un día normal y ahora no hay nada.
No quiero estar acá, ni en ningún
lugar. Quiero desaparecer y no sentir nada. No quiero sentir más este vacío en el cuerpo. La
solución está a un paso, mejor lo doy.
DOS
La felicidad es efímera. Esa
sonrisa terminó arruinándolo todo. Se lo dije, nunca lo iba a querer, nunca me
llegaría a importar. Ni me fijé si le afectó mi respuesta, no me importó, ahora
me arrepiento. Opté por desaparecer antes de enfrentar la ruina de mi utopía.
Opté por desaparecer y sumergirme una vez más en el para siempre que nunca fue.
“Sumergirme una vez más” como si en
algún momento hubiera salido. Siguió ignorándome, haciéndole caso omiso a mis
acciones, a mis pedidos, a mis gritos, a mi locura.
TRES
Sabía lo que iba a pasar, igual no
quería que pasase, antes trataría de detenerlo de cualquier manera posible.
¿Cómo no decirle que era un inútil y no servía para nada? ¿Cómo hacerle
entender que quedaría ridículo? ¿Cómo no hacerle sentirse usado? ¿Cómo ignorar
que para mí no era nadie?
Silencio, ninguno hablaba, no nos
mirábamos, sólo respirábamos, dijo chau, “se rindió” pensé, me alegré, salté de
felicidad. Pero no. Tres pasos más tarde se dio vuelta, me miró, “te amo”
insinuó sonriendo. Lo odié.
CUATRO
Las cosas se estaban tornando raras. ¿Por qué insistía en implicar
sentimientos?¿Por qué quería arruinar su felicidad? Iba a ignorarlo, era eso o
escupirle a gritos su insignificancia. Lo ignoraba por su bien, así desistiría.
Mentira, era por mi bien, ¿egoísta? puede ser, pero yo creía que me lo debía.
En mi cabeza todavía no había nada
confirmado, podía ser todo una gran suposición errónea. En mi cabeza intentaba
aplazar el sentimiento de culpa, porque sabía que en algún momento iba a llegar
y le ganaría al egoísmo.
CINCO
Era un juego, uno que sabía que no
iba a pasar a más. Los dos nos divertíamos, no era nada importante. Hablábamos,
reíamos, intentábamos ignorar la realidad juntos, o por lo menos eso hacía yo.
¿Las cosas cambiarían en algún
momento? lo veía imposible. Él era todo lo que necesitaba, lo más cercano a la
perfección, y lo que sabía que nunca iba a querer. Si me importaba, esta utopía
volvería a ser una fantasía. Porque cuando la gente te importa dejás de ser
feliz. Y yo ya tenía bastante infelicidad acumulada.
SEIS
Eran tan diferentes. Al principio
los creí iguales, de eso intenté convencerme. Pensé que era una manera de
remplazarlo, aunque sabía que era imposible, es único. Poco a poco noté
diferencias, primero sutiles pro que con el tiempo fueron separándolos en dos
personas distintas, como es en realidad. Donde había querido resucitar un
fantasma había encontrado una especia de amigo.
Me despejaba, de eso convencía a
los demás. Me olvidaba, de eso intentaba convencerme a mí misma.
SIETE
¿Por qué? Pensé que algo iba a
cambiarle, pensé que reaccionaría. No fue sólo para que le importe, pero eso
era un gran incentivo. Quería pensar que le había molestado y lo escondía para
no mostrarse débil. Quería pensar que seguía siendo la persona de la cual me
había enamorado.
No pasaba nada, siquiera un mínimo
atisbo de celos. No había tenido sentido que lo reemplazara una noche por otro.
En realidad sí, no el que yo anhelaba, pero me hacía parecer fuerte, que algo
lo había superado. ¿A quién quería engañar? yo no soy fuerte, no cuando de él
se trata.
OCHO
No lo entendía. ¿Qué necesidad
tienen las personas de mentir? “Tampoco me importa, lo odio es un idiota”
claro, repetirme eso millones de veces iba a hacerlo realidad. Quería pensar en
otra cosa, salir con amigos era lo más oportuno.
Me escapé y lo reencontré. Su
nombre me lo acordaba, más, imposible. Me cayó bien, todos me cayeron bien,
pero él especialmente. Seguramente porque los quise encontrar parecidos, pero
lo ignoré. La experiencia me había enseñado que era algo seguro. Si la afinidad
existía, ¿por qué no probar cómo serían las cosas en un universo paralelo sin
odios, sin lastimaduras, uno feliz?
NUEVE
No iba a asumirlo. “No es nada
permanente, sólo necesita un descanso”, “ya se va a arrepentir, no puede vivir
sin mí” de verdad quería creerlo. En un principio estuve segura, le dolía tanto
como a mí, me necesitaba tanto como yo a él. Repentinamente todo eso se esfumó.
Quedaba nada más que desprecio tapado por indiferencia.
Me dolía más que cualquier otra
cosa que dijera que ya no le importaba, pero eso no cambiaría nada. Estaba
convencida, y me empeñaba en estarlo, de que en realidad era todo una mentira
que él creía que le haría más sencillo el olvidarse de mí. Seguiría
insistiendo, la esperanza es lo último que se pierde.
DIEZ
Todo parecía normal. Una pelea que
ya no recuerdo, un ofendimiento fingido mío, un descariño leve de él. Me dijo
que al final no podríamos pasar esa noche juntos y que quería hablar conmigo.
“Reconciliación y un tiempo solos, mirándonos, queriéndonos” pensé. Me
equivocaba.
“No puedo más” dijo. ¿Qué no podés?
si querés, podés; vos no querés, no te jugás por miedo o para vos no lo valgo;
me mentiste, te odio, por favor abrazame y no me sueltes. Se fue, me dejó sola
y mando a amigos para el consuelo. Se fue a llorar, ¿por qué llorás? vos no
perdiste nada, vos me tenés, dejá de llorar y vení a buscarme. Lo ignoró.
Autor: Annalice Mallory
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