miércoles, 24 de abril de 2013

Ritual


Se había prometido que solo sería en las noches de lluvia, en lo posible de mucha lluvia, ese había sido el acuerdo. Durante el día el tiempo pasaba lento, la vida la vivía o la intentaba vivir de la forma más normal posible. Sin embargo, no era todo tan equilibrado: imágenes fugaces, retazos, astillas de pensamientos, trozos de suspiros exhalados en la oscuridad, volvían de repente en los momentos diurnos menos esperados. Entonces se disculpaba, que se sentía mal, con este calor a quién no le baja la presión y ya mismo voy a comprar algo dulce y se me pasa.
 Acá en mis recuerdos, la penumbra, el silencio con tanto ruido, las gotas que caen afuera y las otras gotas, el frío, el suelo helado, mi piel contra la pared, mis mejillas contra el vidrio. Mi mano que se mueve para ahuyentar el humo y las brasas que brillan en la oscuridad. Es como una antorcha pequeña, como un animal chiquito de fuego. El frío y el suelo helado de nuevo, me recuesto boca arriba, desearía ser otra persona, sabes. El silencio vuelve como los recuerdos. Me doy vuelta, hace tanto frío. Un coche que para y el sonido entrecortado me sobresalta. Cuando paso a la cama pasa algo raro, la almohada se transforma, se vuelve vos, entonces algo sube por mi cuerpo. El temblor llega hasta mi garganta, mis labios, el grito mudo que intenta escurrirse por mi boca, el cigarrillo que por poco cae entre las sabanas, mi cara contra la almohada, desearía ser otra persona.
31/10
Volvía caminando hasta mi casa después de una noche interminable, sin dormir apenas, pero contenta, la había pasado bien. No esperaba encontrarte, para nada, y menos acompañado. Viajamos los tres juntos, una larga epopeya de dolor y sufrimiento para mi, parecías estar en tu mundo. Ni siquiera podía mirarte, las cosas que te había dicho rebotaban en mi cabeza, me enredaban la lengua, menos que menos me dejaban hablar.
Cuando finalmente te fuiste no me pude contener, me olvidé del ritual, del decoro, de muchas otras cosas también. Te vi subiendo las escaleras hasta desaparecer y cuando finalmente te perdí de vista me lleve las manos a la cara y derrame, por adelantado, lo que antes hacía cada noche, cada noche de lluvia.
Salí del subte y no me extrañé, sin embargo, que estuviera lloviendo. La gente corría, no entendí de que escapaban, sí se iban a mojar de todas formas.

Autor: Humo.

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