Se había prometido que solo sería en las noches de lluvia, en lo
posible de mucha lluvia, ese había sido el acuerdo. Durante el día el tiempo
pasaba lento, la vida la vivía o la intentaba vivir de la forma más normal
posible. Sin embargo, no era todo tan equilibrado: imágenes fugaces, retazos,
astillas de pensamientos, trozos de suspiros exhalados en la oscuridad, volvían
de repente en los momentos diurnos menos esperados. Entonces se disculpaba, que
se sentía mal, con este calor a quién no le baja la presión y ya mismo voy a
comprar algo dulce y se me pasa.
Acá en mis recuerdos, la
penumbra, el silencio con tanto ruido, las gotas que caen afuera y las otras
gotas, el frío, el suelo helado, mi piel contra la pared, mis mejillas contra
el vidrio. Mi mano que se mueve para ahuyentar el humo y las brasas que brillan
en la oscuridad. Es como una antorcha pequeña, como un animal chiquito de
fuego. El frío y el suelo helado de nuevo, me recuesto boca arriba, desearía
ser otra persona, sabes. El silencio vuelve como los recuerdos. Me doy vuelta,
hace tanto frío. Un coche que para y el sonido entrecortado me sobresalta.
Cuando paso a la cama pasa algo raro, la almohada se transforma, se vuelve vos,
entonces algo sube por mi cuerpo. El temblor llega hasta mi garganta, mis
labios, el grito mudo que intenta escurrirse por mi boca, el cigarrillo que por
poco cae entre las sabanas, mi cara contra la almohada, desearía ser otra
persona.
31/10
Volvía caminando hasta mi casa después de una noche interminable,
sin dormir apenas, pero contenta, la había pasado bien. No esperaba
encontrarte, para nada, y menos acompañado. Viajamos los tres juntos, una larga
epopeya de dolor y sufrimiento para mi, parecías estar en tu mundo. Ni siquiera
podía mirarte, las cosas que te había dicho rebotaban en mi cabeza, me
enredaban la lengua, menos que menos me dejaban hablar.
Cuando finalmente te fuiste no me pude contener, me olvidé del
ritual, del decoro, de muchas otras cosas también. Te vi subiendo las escaleras
hasta desaparecer y cuando finalmente te perdí de vista me lleve las manos a la
cara y derrame, por adelantado, lo que antes hacía cada noche, cada noche de
lluvia.
Salí del subte y no me extrañé, sin embargo, que estuviera
lloviendo. La gente corría, no entendí de que escapaban, sí se iban a mojar de
todas formas.
Autor: Humo.
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