Me desperté y miré hacia la ventana. Había un bicho extraño. Tenía
unas alas hermosas, maravillosas, eran de color plateado mezclado rosa, lila y
celeste. Poseía un cuerpito negro y pequeñito. No me asustó, al contrario, me
causó mucho agrado. Me acerqué e intenté acariciarlo, pero me mordió. Salió
volando.
A los pocos minutos sentí un sufrimiento inexplicable, me
ardía la lastimadura. Gritaba y lloraba. Con dolor de cabeza, fui al baño, me
lavé las manos con toda calma, y ya tranquila, regresé al sillón.
Me puse a meditar qué era lo que había sucedido, no lo
comprendía. ¿Había sido producto de mi imaginación? No lo creía, la marca de
sus dientes estaba en mi dedo.
De pronto, todo lo que estaba a mi alrededor comenzó a
agrandarse. La verdad era que me estaba achicando. En el piso encontré una
cuchara, en la que me pude reflejar. Me había convertido en el mismo ser que
ella. Era pequeñita y tenía alas. No podía creerlo.
Salí volando por la ventana. Era feliz. El sueño de toda mi
vida se había cumplido. Yo volaba.
Autor: I. A.
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