miércoles, 24 de abril de 2013

La lechuza


  Soporté todo menos lo de ayer.
 Eran las tres de la mañana. Sólo quería dormir, pero no podía a causa de su perturbadora presencia. Esos ojos, negros y paralizados, me atormentaban, ni siquiera pestañaban. Me levanté, abrí la ventana y la empujé. Perdón, creí que iba a volar, pero cayó y lamentablemente falleció.
 Hoy me asomé al balcón la vi con sus plumas revueltas. Sus ojos seguían abiertos y todavía causaban esa horrible sensación. A su lado, sangre.

Autor: I. A.

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