Cristales acomodados en un orden perfecto;
sustancias de todos los colores en pleno proceso, sustancias en reposo. Armarios
y heladeras contienen futuras promesas. El frío invade al entrar, pero luego de unos minutos el cuerpo se aclimata y ya
sos parte de ese místico, paradójicamente, lugar. Los conocimientos manejan esos
extraños elementos como extensiones de su propio cuerpo, cuerpos que
ahora armonizan perfectamente con la sala.
Los delantales blancos se pasean de un
lado de otro, discuten entre sí. Sostienen esos líquidos, los vuelcan
nuevamente, esperan. Ansiosos, pero esperan. No es cuestión de horas, pueden
ser días. Pero allí dentro el tiempo es medido en información, en datos, en
descubrimientos. El tiempo: el enemigo del hombre inteligente, del
curioso, del científico. A veces la
espera se torna mínima, reaccionan en cuestión de segundos, pero todos esos
hombres ya lo saben: parece ser que nada les sorprende. Movimientos
meticulosamente estudiados. Algún pionero, se atrevía en noches de soledad a
probar, a jugar como un niño, a crear, a inventar.
Fusión de átomos distintos, nunca lo
habían imaginado ¡lo lograron! ¿Qué significa? , se preguntan. ¿Qué significa
traer al mundo algo que no existe?¿ Que es aquello, un invento?¿Es posible eso,
es posible inventar , crear, en materia tan racional y exacta? Esos
cuestionamientos rondan entre sus pensamientos, suelen escuchar que el químico
no es creativo pero allí estaba la demostración. La creatividad y la
imaginación funcionan en pos de averiguar los cálculos necesarios, la
inteligencia, de resolverlos.
En sus corazones agita la hinchada, aturdida de emociones por eso que esperaban y
se hizo realidad, pero su expresión sólo deja ver el relato del comentarista.
Allí está, frente a sus ojos finalmente.
Ese segundo maravilloso ¿qué significa? Ahí lo tienen, por vez
primera. Horas, días, años de estudio,
de trabajo, de paciencia. Nuevas
oportunidades, triunfo, reconocimiento. No es sólo eso, un elemento más está presente
en ese gratificante momento, pero también en cada ensayo, en cada charla, en
cada conferencia. En cada uno de los cálculos matemáticos, y en cada uno de
esos líquidos viscosos, de esos metales brillosos, de esos gases dispersos.
No podemos remontarnos al origen de la
pulseada histórica, pero allí están sus manos entrelazadas ante cada descubrimiento.
La fuerza de ese lazo: el conocimiento y los argumentos que lo mueven, ¿cuál
será el más fuerte?
La mano divina, acompañada por el poder
divino parece irrefutable ¿Quién podría cuestionar el dogma?
La mano de la razón acompañada por el
poder de la lógica parece irrefutable. ¿Quién podría cuestionar lo visible?
Un poder contra el otro, una verdad contra
la otra, la razón contra el espíritu.
Un nuevo elemento que trasciende las
barreras de la naturaleza es el desafío, un elemento que ha sido creado
superando los límites, inmerso en un nuevo lugar , en nueva dimensión del
pensamiento.
¿A
dónde ha llegado la capacidad humana? ¿Hacia dónde se dirige?¿Cuáles son las
nuevas limitaciones?
La ciencia recarga sus fuerzas, en ese
instante maravilloso, o más que maravilloso podría tildarse de racional y la
otra mano se acerca lenta pero constante hacia el desprestigio infinito, hacia
la eterna pérdida de valor. El juego avanza, el tiempo corre y la distancia se
achica.
En otros tiempos, en épocas de Reinos y
poder descontrolado la religión no daba lugar al juego. La mano científica caía rendida en océanos de
sangre y dolor, en reloj de tortura si la institución así lo deseaba. Si sus
leyes se contraponían al poder religioso, el camino de la desaparición era asegurado.
El tiempo ha olvidado todo esto, y tal vez
muchas historias más que se han perdido en el largo camino de la historia.
Leyes religiosas que regían a la sociedad, hoy se convierten en hipótesis
cuestionables. El tiempo ha hecho su labor, la ciencia trabaja a la par y el
misterioso mundo religioso, lejos de ser
olvidado, es observado desde una crítica mirada.
Como un preparado, en reposo. Sobre el
delicado microscopio se sitúa. Giran la perilla, otra vez, los delantales
blancos y los observan desde diversos ángulos: historias de la creación, del
poder absoluto, de la perfección, la fe y la esperanza, el milagro y la
salvación, el cielo y el infierno... Pero en la sala contigua, contradicen los
conceptos, se analizan los materiales, las temperaturas, las relaciones
energéticas.
Aún no trabajan en la tercera sala, el
tercer laboratorio capaz de descubrir el punto de fusión, de estabilidad, de
convivencia entre las dos anteriores.
¿Existirá o será simplemente, que la
pulseada está llegando a su fin?
Autor: Akuychis
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