Mientras todos los ancianos comían callados el
desayuno en el asilo, Joaquín era el único que hablaba. Sólo se oía su voz
junto con el ruido que hacían las cucharas golpeando los platos para alcanzar
la avena. Su voz que retumbaba sobre las paredes contando historias de su vida,
anécdotas de su familia o, simplemente, comentando acerca del clima. Eso sí,
nunca nombraba al tiempo, cada vez que relataba sus aventuras no daba fechas ni
años. Tal vez esa era la razón de que ningún joven le creyera, ya que sus
recuerdos parecían provenientes de cuentos infantiles. Algunos (los jóvenes y
los empleados) decían que era producto de la vejez, que su vida había sido tan
aburrida que inventar aventuras hacía que se sintiera mejor consigo mismo o que
eran simples sueños que los había creído reales.
Pero
la realidad era otra. Las dudas de todos provenían en base a los demás ancianos
del establecimiento. Eran todos tan callados, tan quietos, que parecía que no
estaban en este mundo, lo cual, era cierto. Ellos sólo pensaban en el final.
Imaginaban como se sentiría atravesar esa puerta que dividía los dos mundos. Se
preguntaban cuando les llegaría la hora a cada uno de ellos, como sería, si se
iban a dar cuenta. El tiempo era su tema principal y este miedo lo reflejaban
con el silencio, el silencio y la quietud.
Joaquín
era la oveja negra del rebaño, mirando hacia adelante cuando los demás miraban
hacia atrás, sumergiéndose en un río de recuerdos y melancolía. Miraba al
horizonte, a un mañana. Ellos no lo hacían, se ocultaban en el ayer. Para los
demás fallecer era el final; para él, un comienzo. Pero las personalidades de
cada uno no basta para enfrentarla. La muerte es imparcial, le llega a quien le
llega, no importa quien sea. La muerte a veces sorprende. Y eso fue lo que pasó
en el asilo esa mañana donde, mientras todos terminaban su avena, Joaquín cayó
muerto.
Nadie supo con exactitud por qué, sino hasta el día
después, cuando, al terminar el médico de hacer la autopsia, señaló que había
sido un simple infarto. Lo que sí se sabía es que mientras todos se lamentaban por él, en su
rostro se podía percibir una sonrisa oculta. Probablemente una que mostraba su
felicidad por iniciar una nueva aventura, tenía adelante, un nuevo portal.
Autor: Lula105.
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