El hombre solo atinó a comerse la uñas y guardó la
pistola en el cajón. Alzó la mirada y se
encontró con un rostro muy particular, unos
ojos grises llenos de melancolía y de frustración lo contemplaban fijamente,
sus labios esbozaban una mueca de decepción.
Apartó la vista del espejo y se dirigió hacia el
escritorio. Allí, sobre el fino roble, se encontraban las hojas de la novela
que nunca había podido terminar. En esa obra maestra estaban plasmados cada uno
de los acontecimientos significativos de su vida, en cada letra, en cada línea,
había dejado una parte de si. Sin embargo nunca había podido terminarla.
Miró la novela largo rato y supo que ya no quedaba
nada por hacer, ya no habría de pasar el tiempo embelleciéndola.
Se incorporó lentamente, se aproximó a la cómoda y
levanto la vista. Apenas pudo reconocer el rostro que había visto ya tantas
veces. Sintió el metal frío en su frente y vio caer al hombre del espejo. ¿Cómo
escribir? Ahora lo sabía.
Autor: Botones.
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