Allí está Vagues que ya es pasado.
Allí está lo que-todos dicen-
Allí está lo que-todos dicen-
vivirá lo que queda olvidado.
La estación inglesa muerta.
La maleza crece sobre los rieles,
y en el horizonte un tren verde inmóvil
muere y nace cada temporada,
listo para la siembra, listo para cosechar.
El campo amordazado es su testigo
y un advenedizo y monocromático vecino.
Estación fantasma, sin siquiera fantasmas.
Pueblo de San Antonio. Te saluda cálido
por la mañana, cuando salís a caminar
debajo de los aleros perfumados hacia la plaza.
Se han poblado los árboles de flores y frutos
cerca de la ribera que no es ribera.
Ya usados ya sueltos: ladrillos por tu camino.
Paseás entre la Plaza Principal y el gentío;
los edificios te hablan de conquista y desierto,
y de barro; son tan viejos, para vos indestructibles.
Seguís caminando hasta el río, y su cauce
vacío se llena con vigor torrentoso, invisible.
¡Caminá, que sabés lo que es andar!
Por Areco recorriendo los adoquines
Por Areco recorriendo los adoquines
descalza, mas no sola, sino bien acompañada
por el olor compinche de estas llanuras dulces.
Risueño se llega a Vagues, y de Vagues
a Areco se llega triste y solitario.
Pero no vos, que sabés
andar estos lares;
con tus pasos hacia Vagues
te anuncias.
Te movés y tiemblan los durmientes y el andén.
La maleza te hace
reverencia y se corre.
Los campos sembrados se abren, timoratos.
Los fantasmas aparecen y se disfrazan de personas
Los campos sembrados se abren, timoratos.
Los fantasmas aparecen y se disfrazan de personas
y por un segundito, aunque no sea más de uno,
siento el ruido de la locomotora gimiendo, rugiendo,
anunciando su próxima parada, retornando ansiosa
al lugar- que prometieron-“nunca volvería a pisar”.
Aunque no sea por más de un
segundito,
ese que solo vos sabés generar.
Autor: Fioktist